Calidad de vida en Argentina (1960). Una perspectiva geográfica

Life Quality in Argentina (1960). A Geographical Perspective

* Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) e Instituto de Geografía, Historia y Ciencias Sociales (IGHCS), gvelaz@fch.unicen.edu.ar ** CONICET e IGHCS, jpcelemin@conicet.gov.ar

PDF EPUB Edición: Vol.11 Núm.1 Enero-Abril 2020

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La calidad de vida es una categoría de creciente interés académico de los últimos años. Distintas disciplinas intentan abordarla desde sus perspectivas y metodología. No obstante, existe una muy escasa producción científica relacionada con su estudio para periodos históricos contemporáneos. En este contexto, el presente trabajo propone elaborar un índice de calidad de vida para las provincias de la República Argentina con variables utilizadas en el censo nacional de 1960, las cuales se representaron cartográficamente a partir de un sistema de información geográfica, obteniéndose como producto final un mapa del índice en cuestión. Los resultados muestran una amplia disparidad territorial de este, dado que las provincias de la Región Pampeana revelan valores mucho más favorables que los registrados en las del norte del país.

Palabras clave: calidad de vida; censo 1960; índice-resumen; sistema de información geográfica.

Life Quality is a category of growing academic interest in recent years. Different disciplines try to address it from their perspectives and methodology. However, there is very little scientific production related to its study for contemporary historical periods. In this context, the present work proposes to elaborate an index of quality of life for the provinces of the Argentine Republic with variables used in the 1960 national census, which were represented cartographically from a geographic information system, obtaining as a final product a map of the index at issue. The results show a wide territorial disparity of this, given that the provinces of the Pampean Region reveal much more favorable values than those registered in the northern part of the country.

Key words: life quality; 1960 census; index-summary; geographic information system.

Recibido: 22 de abril de 2019.

Aceptado: 6 de agosto de 2019.

Introducción

La calidad de vida constituye un indicador de síntesis de un conjunto de situaciones socioeconómicas y ambientales relevantes que ilustran las condiciones en las que se desenvuelve la vida cotidiana de las personas, lo cual le otorga interés tanto para la formulación de políticas públicas como para la comprensión del funcionamiento social. Por esta razón, la producción sobre el particular, iniciada durante la década de los 90 en el contexto latinoamericano (Olave et al., 1995; Camargo, 1996; Delgado et al., 1996; Velázquez et al., 1999), ha crecido desde entonces de manera significativa en nuestro medio (Rofman y Márques, 1988; Velázquez, 2001, 2008 y 2016; Lucero et al., 2007; Mikkelsen et al., 2013).

Sin embargo, y a pesar de su relevancia evidente, el tema ha recibido escasa o nula atención para algunos periodos históricos, hecho que se explica por dos factores concurrentes: en primer lugar, las insuficientes conexiones entre historia y geografía que, a diferencia de otros contextos intelectuales, han caracterizado al caso argentino y, en segundo término, las dificultades empíricas que presentan los datos del pasado, incluso del relativamente reciente.

La investigación de la calidad de vida no es patrimonio exclusivo de una disciplina científica en particular; además, reviste un grado de complejidad que dificulta el consenso acerca de su área de estudio. En general, y en la Argentina en particular, los estudios sobre el tema son elaborados por geógrafos y se basan, sobre todo, en un enfoque espacial; es decir, mediante indicadores sociales, investigan localizaciones, distribuciones, asociaciones y evoluciones espaciales (Buzai y Baxendale, 2006:52).

Es así como la base territorial es la que le permite a la ciencia geográfica marcar una diferencia con respecto a otras disciplinas involucradas en el estudio de la calidad de vida, como la economía o la psicología. La capacidad que posee para realizar análisis sobre la configuración espacial de diferentes variables le permite tener una aproximación empírica. Esta cualidad se potencia con el uso de herramientas como los sistemas de información geográfica (SIG), que permiten la representación cartográfica de variables e índices asociados con la calidad de vida. Así es como se han publicado en la Argentina numerosos artículos que cartografían índices de calidad de vida en distintas escalas de análisis (Lucero et al., 2015; Mikkelsen y Velásquez, 2015; Velázquez, 2010; entre otros) y que han servido como referencia al momento de la selección de dimensiones, variables y ponderación.

Partiendo de este panorama, en el presente trabajo nos proponemos analizar la calidad de vida de la población hacia el Quinto Censo Nacional de la República Argentina, realizado en 1960 con el objetivo de suministrar una perspectiva general de las diferencias socioespaciales que caracterizaban al país hacia mediados del siglo XX.

La utilización del censo de población como fuente secundaria de información no resulta, desde luego, casual, ya que es base de datos que permite alcanzar una cobertura universal del territorio en cada momento histórico (con excepción de los censos antiguos que registraban ciertas limitaciones territoriales, como menciona Otero, 2007). Cabe consignar, asimismo, que si bien los censos de población han sido visitados con frecuencia, los trabajos realizados han priorizado básicamente su uso demográfico (Lattes y Lattes, 1975; Torrado, 2007) o su valor como fuente en segundo grado; por ejemplo, el estudio según categorías de su diseño conceptual o los aspectos políticos e institucionales propios de la sociohistoria de la estadística (Mentz, 1991; Massé, 2003; Otero, 2006; Daniel, 2011; González Bollo, 2014), dejando de lado un amplio conjunto de variables de interés incluidas en el levantamiento censal, en particular, las relativas a la vivienda y la salud.

Desde el punto de vista metodológico, el trabajo se apoya en el uso de SIG para el análisis espacial de las dimensiones y variables consideradas relevantes y la elaboración de un Índice de Calidad de Vida (ICV) que resulte acorde con la información disponible y las características del momento histórico considerado.

Con anterioridad al levantamiento de 1960 se habían realizado cuatro censos nacionales (1869, 1895, 1914 y 1947). En el primero era presidente Domingo Faustino Sarmiento, y su cobertura fue parcial pues no fueron censados los pueblos originarios. El segundo se llevó a cabo durante el mandato de José Evaristo Uriburu, durante el cual ya estaban incorporados el llamado desierto (La Patagonia) y la Región Chaqueña; en él se introdujeron preguntas relacionadas con religión, fecundidad, propiedad de los inmuebles y nacionalidad. El tercero se realizó siendo presidente Roque Sáenz Peña; la publicación de sus 10 tomos se hizo muy rápido para que su aparición coincidiese con los festejos del Centenario de la Independencia Argentina, en 1916. El cuarto se realizó durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón; fue el primero en considerar a la familia y al hogar como unidad de análisis privilegiada; además, se aplicaron preguntas sobre educación y ocupación laboral; también, fue la primera vez que se incorporó tecnología computacional para el procesado de los datos.

Lamentablemente, el censo de 1960 no ofrece el mismo nivel de desagregación ni la misma riqueza de variables que sus predecesores. Así, no es posible encontrar información significativa respecto a variables asociadas con educación, salud o vivienda a escala departamental. Para la provincial, sin embargo, sí se dispone de datos; para reflejar la situación educativa, contamos con la tasa de analfabetismo; para evaluar la situación residencial existe el promedio de personas por vivienda, la tasa de viviendas sin retrete e, incluso, indicadores referidos al confort de los hogares a partir de la disponibilidad de heladera; por último, respecto a los indicadores de salud, si bien el censo no suministra ninguno relevante a escala provincial, el Ministerio de Salud (DEIS) brinda la tasa de mortalidad infantil.

Esto constituye una severa limitación para cualquier análisis que se pueda hacer respecto a las diferencias en las condiciones de vida de la población argentina en ese momento histórico.

Dado que el censo constituye la fuente de base de la propuesta, importa reseñar algunos aspectos centrales de su realización, tarea necesaria para contextuar de forma adecuada sus ventajas y límites.

El Quinto Censo Nacional de la República Argentina, conocido como Censo Nacional de Población, Viviendas y Agropecuario, fue levantado por la Dirección Nacional de Estadística y Censos durante la presidencia de Arturo Frondizi. Fue un operativo de hecho que se caracterizó por censar a la población en el lugar donde pasó la noche del censo. Se diferencia del de derecho en que este obtiene datos de las personas que residen habitualmente en el hogar, aunque no estén presentes en el momento del levantamiento. Ello ha permitido simplificar las tareas censales durante la realización del operativo, contribuyendo a disminuir los niveles de omisión o duplicación de individuos. Otro elemento es que el día del censo se estableció como feriado con el propósito de reducir todo tipo de traslado o movimiento de los habitantes para facilitar que los censistas localizaran y entrevistaran a toda la población en una primera y única visita. Por último, resulta importante destacar que este censo inició la era informática al valerse de tarjetas perforadas para el procesamiento de la información (Giusti, 2007).

En 1960, la Argentina se organizaba administrativamente en la Capital Federal, 22 provincias y un territorio nacional (Tierra del Fuego), todos ellos divididos en 486 departamentos/partidos (ver mapa 1).

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Para el estudio de la calidad de vida de la población, es habitual recurrir al análisis de dimensiones significativas. Desde el punto de vista socioeconómico, resulta insoslayable referir a las condiciones de educación, salud y vivienda. Los trabajos de Barclay (1962), Bolsi et al. (2006), Celemín (2007), Connerly et al. (1985), Delgado et al. (1996), Estés (1999), Fernández-López et al. (2010), Friel et al. (2011), Halperín (1994), Lo Vuolo et al. (1992), Longhi et al. (2013), Lucero et al. (2007), Mikkelsen et al. (2013), Olave et al. (1995), Rofman y Márques (1999), Santos (1979), Sterimberg et al. (2004), Torrado (2007) y Velázquez (2016), entre otros, contribuyen a generar un marco apropiado que debe ser adaptado a la escala predominante de valores y a la disponibilidad de información para la Argentina de 1960, tarea que reseñaremos a continuación.

Análisis de variables del ICV

En síntesis, pese a los mencionados avances de los sistemas estadísticos nacionales y a las constantes innovaciones en los diseños metodológicos y conceptuales para la medición de las condiciones de vida de la población, la formulación de un índice de bienestar con cierta pretensión de generalización o universalidad no es todavía una cuestión resuelta a cabalidad, pues depende de numerosos factores, como: procesos históricos, escala de valores de la sociedad, expectativas, vivencias individuales y colectivas, dimensiones privadas (ingresos, nivel de instrucción) y públicas (accesibilidad, cuestiones ambientales), escala de análisis, ajuste con la información disponible o georreferenciación y validación de los resultados obtenidos.

Basándonos en nuestras propias experiencias y en trabajos previos de investigación ampliamente discutidos en ámbitos específicos, hemos empleado variables socioeconómicas (educación, salud, vivienda) para el dimensionamiento del bienestar de los argentinos. En otros trabajos metodológicos (Marinelli et al., 2000; Cepeda y Velázquez, 2001; Marinelli et al., 2005; Celemín, 2010), al partir de la totalidad de las variables censales disponibles y mediante un procedimiento de selección estrictamente matemático (como el análisis multivariado), han arrojado resultados muy similares a aquellos obtenidos para el caso argentino en las décadas de los 80 y 90 y principios del siglo XXI (Velázquez, 2001 y 2008). Lo mismo ocurre con la asignación de los pesos, ya que cada una de las dimensiones posee un mismo peso, siguiendo el procedimiento metodológico de la elaboración del Índice de Desarrollo Humano en el cual cada uno de sus componentes (educación, ingresos y esperanza de vida) posee el mismo nivel de ponderación. Además, cabe mencionar que esta simplificación en la selección de variables y en su respectiva ponderación permite el análisis comparativo con otros ICV posteriores al censo de 1960, ya que estos indicadores se repiten.

Educación y analfabetismo

El Quinto Censo Nacional tuvo la preocupación por detectar a las personas en situaciones críticas, siguiendo una concepción cercana al moderno concepto de población en riesgo, para lo cual incluyó datos sobre educación. No hay, sin embargo, otra información respecto a los niveles de instrucción alcanzados por los diferentes segmentos de la sociedad.

Este censo estableció que el promedio de analfabetismo para la población mayor de 7 años de edad era de 8.5% (ver mapa 2). Comparando con los censos anteriores, tenemos que los porcentajes eran de 13.6 y 35.9 para 1947 y 1914, respectivamente, aunque esa tasa difería de forma considerable entre las jurisdicciones.

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Estableciendo una división en cuartiles, la mejor situación relativa le corresponde a la Ciudad de Buenos Aires (3.2% de analfabetos). Por debajo de 8.2% se ubican también, por un lado, las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe en la Región Pampeana y, por el otro, Santa Cruz y Tierra del Fuego en la Patagonia. En un segundo escalón tenemos a las tres de Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis), otra de las pampeanas (La Pampa) y dos del norte (La Rioja y Catamarca). En contraposición, la peor situación relativa se registra en Jujuy, cuyo analfabetismo trepa nada menos que a 24.2%; también, resulta muy malo el estado de las provincias del nordeste y Santiago del Estero, así como la del territorio del Neuquén, ya que, en todas, el analfabetismo supera 19 por ciento.

Morbilidad y salud

El DEIS brinda información sobre un problema de gran relevancia como es la mortalidad infantil. Su importancia radica en que es un indicador del estado de salud de la niñez y de la población en su conjunto, así como de las condiciones socioeconómicas en las que se encuentran. Además, es un indicador sensible de la accesibilidad y la calidad de los sistemas de servicios de salud (Finkelstein et al., 2015). El registro nacional de la tasa de mortalidad infantil (TMI) empezó en 1911, pero las mediciones comenzaron a escala provincial a partir de 1944.

En primer lugar, debemos señalar que la TMI resulta relativamente baja (59.7‰), según informa el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos para el quinquenio 1960-1965 (INDEC, 2004) en el contexto latinoamericano (120.1‰) (Escudero y Sosa, 2006), pero con importantes variaciones en el interior del territorio nacional. La peor situación relativa se padece en Jujuy (125.1‰). Otras provincias del norte (Salta, Catamarca), Patagonia (Río Negro, Neuquén) y San Luis también integran el grupo con mayores problemas en este sentido, ya que en todas ellas la TMI supera 94.9 por mil.

Otras unidades, como Formosa o Santiago del Estero, registran valores llamativamente bajos (en virtud de un fuerte subregistro estadístico), pero deberían integrar también este grupo.

Por el contrario, las tasas más bajas se registran en la Capital Federal (Ciudad de Buenos Aires) y Santa Fe (40.4 y 52.1‰, respectivamente). El resto de la Región Pampeana y la Patagonia austral también muestran valores relativamente bajos (ver mapa 3). Asimismo, según Recchini y Lattes (1975), la tasa bruta de reproducción —número total de hijos(as) al final de la vida reproductiva— en 1960 era de 1.5.

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Vivienda

El Quinto Censo Nacional volvió a registrar información sobre vivienda (el de 1947 la obtuvo, pero no la dio a conocer). Como variable de aproximación al grado de hacinamiento residencial, podemos calcular la cantidad de personas por vivienda. Aclaramos que se trata solo de una aproximación porque el tamaño y cantidad de habitaciones de las viviendas puede diferir de manera significativa a lo largo del territorio y entre los diferentes grupos sociales. Además, el censo brinda solo la cantidad de personas y de viviendas, dificultando la estimación del hacinamiento (a diferencia de censos posteriores a 1991, que brindan la información de personas por cuarto). Se tomó la ratio tal como está. Esto significa que no hay un umbral; cuanto más alta la ratio, peor.

La menor cantidad de personas por vivienda se registra en Santa Cruz (4.02). Las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y La Pampa (en la Región Pampeana) y Río Negro y Tierra del Fuego (en la Patagonia) también exhiben buena situación relativa, ya que están por debajo de 4.3 personas por vivienda.

Por el contrario, el hacinamiento reviste particular magnitud en diversas provincias del norte (Santiago, Tucumán, Catamarca, Formosa, Corrientes) y en San Juan; en todas se superan las 5.3 personas por vivienda. El caso más extremo es el de Tucumán, donde el promedio es de 5.4 (ver mapa 4).

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En general, este problema se asocia con los diferenciales de fecundidad (más elevada en las provincias del norte) que resultan agravados, a su vez, por la mayor carencia de recursos en el mismo contexto.

La no disponibilidad de retrete refleja una falencia material. La proporción de viviendas sin él resulta alta en las provincias del norte, destacándose por su contigüidad territorial. El caso más extremo es el de Jujuy, donde más de la mitad de sus viviendas (50.13%) carece de este servicio.

Por el contrario, la proporción de este problema es considerablemente más baja en la Región Pampeana y, en menor medida, en la Patagonia. Se destaca la Ciudad de Buenos Aires por casi carecer (0.69%) de viviendas sin retrete (ver mapa 5).

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Una de las peculiaridades del Quinto Censo Nacional fue el haber preguntado sobre la disponibilidad de ciertos electrodomésticos en las viviendas (cocina, lavarropas, heladera). En este caso, queremos destacar la proporción de aquellas con heladera, dada su importancia para la conservación de los alimentos, en particular en el norte del país donde se registran altas temperaturas, pues tenían menor presencia relativa en las casas del norte (a pesar de que el clima incrementa la necesidad de contar con refrigeración para estos). En la mayoría de las provincias del norte, menos de 14% de las viviendas contaban con ella.

También, resulta peculiar la situación de Tierra del Fuego, territorio que, en otros aspectos, muestra buenas situaciones relativas, pero que exhibe la menor proporción de casas con heladera (6.35%), tal vez porque es el territorio más frío del país.

Por el contrario, la mayor proporción de unidades con este electrodoméstico se registra en la Ciudad de Buenos Aires (82.60%), mientras que las unidades que siguen (Buenos Aires, Santa Fe) lo hacen con proporciones considerablemente menores (43.64 y 39.15%, respectivamente) (ver mapa 6).

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Calidad de vida en 1960: una propuesta para su evaluación

Las variables que ya reseñamos contribuyen a construir una imagen preliminar respecto a las condiciones de vida de la población argentina en 1960. Hemos visto que su distribución, en algunos casos, resulta coincidente y, en otros, no. Las coincidencias y diferencias pueden explicarse por la naturaleza de las variables que, en algunas situaciones, tienden a perjudicar o beneficiar más a la población de algunos territorios. Por eso, para intentar brindar un mapa integral de la calidad de vida de la población, resulta útil proponer un índice-resumen a partir de la combinación de las variables más significativas.

Este índice resulta de un compromiso entre la información disponible, las unidades de análisis utilizadas y el intento de aproximación a la escala de valores de la sociedad en cada momento histórico. A título de ejemplo, es difícil no contemplar aspectos ambientales en la actualidad en un índice de bienestar, dimensión que para la Argentina de mediados del siglo XX no resultaba aún relevante ni intentaba ser captada por el Sistema Estadístico Nacional. Recién, en los censos del 2001 y 2010, se contemplaron variables ambientales. Otro criterio para la elaboración del índice consiste en incorporar variables que puedan ser relevantes a lo largo del tiempo y que permitan efectuar comparaciones a largo plazo con los estudios de periodos más recientes.

En virtud de estas consideraciones, nuestra propuesta para estimar la calidad de vida de la población argentina en 1960 incluye una serie de dimensiones y variables que se muestran en el cuadro 1.

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Como se puede observar en el cuadro 1, las diferentes variables tienen distinta amplitud total. Así, algunas varían entre 125.10 y 40.40 puntos, mientras que otras lo hacen entre 50.13 y 0.69.

La integración de estas tasas se efectuó mediante su transformación en números-índice parciales, en los cuales los valores extremos se transforman entre 1 y 10 para reflejar la mejor y peor situación relativa, respectivamente. Esto se realizó según el tipo de variable con el siguiente procedimiento:

Máximo - a I = ---------------------- * 10, Máximo-mínimo

donde a = variable de costo.

Así, por ejemplo, la provincia de Buenos Aires tenía 5.6 analfabetos por cada 100 habitantes, cifra que, llevada a número-índice, da 0.89 (lo que ubica a la provincia de Buenos Aires más cerca de la mejor situación relativa, cuyo valor es 3.2).

La transformación de las variables permite la elaboración del ICV, cuya composición resulta de la suma ponderada de los números-índice parciales de cada una de las variables de las tres dimensiones seleccionadas.

El mapa de síntesis sobre la base del índice propuesto muestra que la calidad de vida de la población argentina en 1960 resultaba muy inequitativa a lo largo del territorio (ver mapa 7).

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Las provincias de las regiones Pampeana y Patagonia austral tienden a ubicarse en el rango de los valores más altos de calidad de vida (comprendido entre 7.43 y 9.64 puntos del ICV). La mejor situación relativa se registra en la Ciudad de Buenos Aires (9.64 puntos), seguida por la provincia Buenos Aires (8.93 puntos) y el Territorio Nacional de Tierra del Fuego (8.78 puntos). Cabe recordar que la escala provincial implica un grado de generalización alto, por lo cual es probable que algunos partidos/departamentos de Buenos Aires u otras provincias puedan tener ICV mayores que los de la propia Ciudad de Buenos Aires.

Por el contrario, la peor situación relativa en lo que respecta al bienestar se registra en el norte; en particular, la provincia de Jujuy, que muestra un comportamiento muy poco satisfactorio en casi todos los indicadores y solo alcanza un ICV de 0.92 puntos. La provincia de San Luis y algunas unidades patagónicas (Neuquén y Río Negro) también presentan magros índices.

La brecha entre la mejor y peor situación es alta. El ranking lo encabeza, como dijimos, la Ciudad de Buenos Aires (9.64 puntos), mientras que el lugar relativo más bajo es para Jujuy, que alcanza solo 0.92 puntos.

Comparando las 22 provincias, en la Ciudad de Buenos Aires y el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e islas del Atlántico sur, los valores del ICV para 1960 son los que se presentan en el cuadro 2.

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Conclusiones

El Quinto Censo Nacional permite conocer de forma aproximada la calidad de vida de la población de la República Argentina a partir de la elaboración de un índice-resumen acorde con la información disponible y las características del momento histórico considerado.

Como muestran los resultados obtenidos, las desigualdades regionales en la Argentina durante el Quinto Censo Nacional eran muy altas, en particular entre las unidades menores (departamentos/partidos) pero, como hemos visto, la información disponible no permite ir más allá de la escala provincial/territorial.

El grado de inequidad entre las peores y mejores situaciones es muy grande. Considerando las provincias, la diferencia entre la mejor y peor situación relativa (Capital Federal y Jujuy, respectivamente) es de 8.72 puntos. Además, cabe remarcar que estas diferencias espaciales para la gran mayoría de indicadores sociales y económicos son las mismas que se registran en la actualidad con una Región Pampeana con valores más altos (en conjunto con la Patagonia austral) y con provincias del norte con los registros más bajos.

Por último, queremos remarcar la potencialidad operativa de los SIG, que permite recuperar fuentes históricas de notable riqueza, como los censos de población de mediados del siglo XX, los cuales constituyen una fuente insoslayable de información. Esta radiografía de la calidad de vida argentina muestra, asimismo, la potencialidad de los censos de población para el estudio de dimensiones que van mucho más allá de su utilización exclusivamente demográfica. Asimismo, en el futuro, se realizarán nuevos ICV con base en censos anteriores y posteriores al de 1960 para poder obtener una evolución temporal de las condiciones en que residen los habitantes de la Argentina.

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